Y un día, nos fuimos

14 Apr 2016

Después de más de un año con la idea y los preparativos para salir de viaje, finalmente había llegado el día. Nos íbamos de viaje por América, en Kombi. Antes, pasaron muchas cosas, que vale recordar.

 

Lejos quedó aquel plan inicial de enero de 2015 cuando pensábamos irnos a estudiar inglés a Irlanda durante un año, para poder a su vez trabajar y ahorrar algo que nos permita seguir viajando como mochileros por Europa. Las condiciones de la visa para estudiantes cambiaron y nuestro objetivo pasó a ser ir de Working Holiday a Nueva Zelanda. Para eso, había que obtener la visa que permite trabajar y vacacionar durante un año en aquel país. Como solamente Fernando la obtuvo –la otorgan solamente a 200 uruguayos por año-, aquel plan C, que alguna vez habíamos mencionado como una posibilidad, pero que parecía una locura, pasó a ser nuestro principal objetivo. Estábamos dispuestos a irnos en Kombi, a recorrer los caminos de América, hacia lo más al norte que podamos llegar.

 

Cinco meses antes, en noviembre, compramos la Kombi con la idea de acondicionarla y salir al camino a mediados de febrero. Los plazos estipulados se demoraron más de lo previsto. Unos días más en el mecánico, otros en la carpintería, otros con trámites varios, en definitiva, el 18 de marzo estaba marcado, por fin como fecha de salida.

 

Dos días antes del previsto para comenzar el viaje, Adrián fue internado en el CTI tras sufrir una pericarditis –líquido alrededor del corazón-. Había llegado caminando al sanatorio, tras días de molestia corporal. Una reacción completamente atípica a la vacuna de la fiebre amarilla, y la decisión de Diego y Fernando de esperar la recuperación para salir los tres juntos, volvieron a postergar la fecha de partida.

Un par de semanas después, con Adrián recuperado y dado de alta, la Kombi y los papeleos prontos, pudimos por fin poner en marcha el viaje esperado.

 

Elegimos Paso de los Toros como punto de salida, teniendo en cuenta, que los tres somos de ahí, por lo que aprovechamos a pasar un fin de semana en familia en nuestro pueblo. Para eso, había que llevar la Kombi, desde Montevideo a través de los 250 km de ruta 5 hasta llegar al centro del país.

Lo que no esperábamos, después de meses de acondicionarla para tener el mínimo de inconvenientes posibles, era que a los 30 km de recorrido, rompiéramos la polea y la correa, lo que nos hizo estar tres horas en Las Piedras, a la espera de repuestos. Por suerte, para nuestro desconocimiento de mecánica, nos acompañaba en ese viaje José, padre de Adrián, quién siendo mecánico, solucionó el problema, que a nosotros nos hubiese complicado bastante.

 

 

El fin de semana fue lleno de emociones, con la familia y amigos que se arrimaron a pasarlo con nosotros. Con demostraciones constantes por parte de los isabelinos, que se acercaban donde fuera que estuviéramos con la kombi, a desearnos lo mejor en esta locura.

Se mezclaban la alegría enorme de por fin salir, con la tristeza de dejar tantos afectos, que no queríamos dejar.

 

Así arrancamos, la mañana del 11 de abril, ansiosos por conocer lo que se viene, entendiendo que no era un día más en nuestras vidas. Mientras, en la cabeza nos sonaba la frase de una canción de La Vela Puerca: No hay alegría sin dolor y todavía falta lo mejor.

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