San Luis nos sorprendió

10 May 2016

San Luis nos sorprendió. Cuando planificamos el viaje, incluso ya habiendo entrado en la provincia, teníamos pensado simplemente pasar de largo, como un camino obligado que estaba entre Córdoba y Mendoza.

Dejamos atrás Alta Gracia en Córdoba, y decidimos parar en el primer pueblo que encontramos en la provincia de San Luis, Merlo.

 

Nuestra estadía en Merlo sin embargo fue efímera. Nos desviamos de la autopista los quince kilómetros que llevan al pueblo al pie de la montaña, buscando un lugar donde tirar la carpa sin tener que pagar.

Merlo es un pueblo coqueto en pleno crecimiento turístico. Lo atravesamos hasta llegar a un lugar público, el cual parecida ideal para pasar la noche. Era una especie de parque, con mesas, parrilleros y una cascada que lo atravesaba que hacía disfrutable estar en silencio escuchando el ruido del agua correr.

 

Comenzamos a cocinar y ponernos al día con la página. En el transcurso de la noche,  Martin- nuestro amigo viajero- nos avisa que Gisela, una amiga de él, a quien había conocido en Australia en su viaje, venía siguiendo nuestro recorrido junto con su novio Álvaro y estaban al tanto que estábamos cerca de su pueblo. Ellos al igual que Martín, habían vuelto de algunos años de viaje, y querían ofrecerse para recibirnos en su casa en Potrero de los Funes, también en la provincia de San Luis.

 

Esa noche en el parquecito, nos visitó dos veces la policía y una el guarda parque, a quienes les molestaba nuestra presencia ahí. Quedamos bastante sorprendidos y sobre todo incómodos con su actitud, por lo que decidimos juntar las cosas y pasar la noche al costado del camino, fuera del pueblo. Afortunadamente, la noticia que nos había dado Martin sobre las ganas de recibirnos que tenían Gisela y Álvaro, hacían olvidar el trago amargo.

A la mañana partimos rumbo a Potrero de los Funes. En el trayecto levantamos a una persona que estaba haciendo dedo. Curiosamente, iba a San Luis a anotarse para ingresar como Policía. Pensamos en la ironía del destino, la noche anterior, policías habían inducido nuestra salida de Merlo.

 

 

Con Gisela trabajando la mayor parte del tiempo la compartimos con Álvaro, que nos hizo de guía por Potrero y por San Luis mismo, además de ir a la Carolina, un pueblo donde antiguamente funcionaba una mina de oro.

San Luis es desde hace décadas gobernado prácticamente en su totalidad por la familia Rodríguez Saa. Una provincia que ostenta una infraestructura por momentos ridícula y exagerada, para la cantidad de gente que vive en ella, además de algunas características que nos parecían particulares.

La casa de gobierno son un par de pirámides, tienen un estadio internacional de Polo, la mayoría de sus rutas son autopistas –por más que estén casi desiertas-, a todos los niños y jóvenes de primaria y secundaria se les da una computadora y una bicicleta, entre otras cosas, pero lo que más llama la atención es el circuito de Fórmula 1 construido en Potrero de los Funes, que rodea un hermoso lago y desvirtúa absolutamente la ciudad.

 

El circuito apenas fue usado algunas veces por el Turismo Carretera argentino y no cumplió con las expectativas generadas cuando se creó. Hoy, los autos de cualquier vecino circulan en él, como si fuera una calle más de la ciudad, pero con la particularidad que tiene una valla metálica de varios metros de altura, un paredón y la señalización de una pista de carrera.

 

 

 

Por suerte conocimos más allá de San Luis. Álvaro nos acompañó hasta La Carolina. El camino es por una espectacular ruta panorámica a través de las sierras de San Luis, donde tuvimos que parar más de una vez para fotografiar el paisaje. Los campos, son separados por pircas en vez de los alambrados que estamos acostumbrados a ver.

La Carolina, es un pueblito en el que casi no vive gente. Su existencia se debe a que en algún momento, más de 200 años atrás, se vivió allí la fiebre del oro, con la explotación de una mina, en las entrañas del cerro Tomolasta.

 

No esperábamos de San Luis ni las particularidades que mencionábamos antes ni los muy atractivos paisajes que nos hizo conocer Álvaro, sin embargo, desde todo punto de vista, San Luis nos sorprendió.

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