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Tafí deja huella

31 May 2016

En algún momento, al comienzo del viaje, pensamos que nosotros elegíamos el camino. Que decidíamos dónde y cuándo estar, y que podíamos programarlo.

De a poco nos fuimos dando cuenta que no era del todo así. Elegimos a grandes rasgos el camino, pero es el destino y lo que va sucediendo en el camino, es lo que nos lleva a un lugar u otro.

 

En un principio no pensábamos pasar por San Miguel de Tucumán, sin embargo, la rotura de la kombi, nos obligó a parar ahí. Estuvimos una semana, mucho más que en otros lugares.

Si bien nos habían recomendado Tafí del Valle, era una opción que manejábamos pero no estábamos seguros de ir a conocer ese lugar en las montañas. El destino, con la kombi aún en reparación, nos llevó hasta ahí. No queríamos seguir esperando en San Miguel de Tucumán, así que agarramos las mochilas y nos fuimos a Tafí, donde estuvimos parando una semana.

 

Viajando en la kombi, parábamos generalmente al costado de la ruta, o en campings, donde prácticamente éramos los únicos acampando, como nos pasó en los pueblos que paramos en las provincias de Mendoza, San Juan, La Rioja y Catamarca. Así que a partir de salir con la mochila al hombro, comenzamos a experimentar otra forma de viajar.

 

 

Llegamos a los Palenques, un camping – hostel en Tafí del Valle, que tiene la particularidad de tener una sala común compartida dónde podíamos cocinar y pasar el día.

De hecho, excepto por algunas caminatas por el pueblo y sus alrededores, la mayor parte del tiempo la pasamos ahí. Al lado de la salamandra que ayudaba a combatir los días helados y noches gélidas.

Los días que pasamos en Tafí, nos permitieron conocer otros viajeros y con ellos decenas de historias de vida.

 

Los días pasaban y hacían que nos sintiéramos más como en casa. Fernando, el encargado del camping, nos trataba de forma inmejorable con su sencillez. Al ver que se nos pasaban los días y las noticias de la kombi no eran alentadoras, nos dejó quedarnos un par de noches sin cobrarnos y encima nos permitió dormir adentro, en una cama, con lo que se extraña y se valora después de varios días de sentir el suelo de la carpa.

A cambio, sentíamos que teníamos que devolverle algo así que un par de días, limpiamos a fondo la sala común. En otra oportunidad Diego y Fernando salieron a la terminal a buscar gente que llegara, logrando conseguir que 7 viajeros fueran a parar a Los Palenques.

 

Una tarde, decidimos que teníamos que seguir viajando y nos fuimos. Para nuestra economía no estaba mal seguir parando en Tafí del Valle, y nos sentíamos bien, haciendo de anfitriones de los viajeros que paraban. Pero habíamos salido de viaje, por lo que salir para seguir conociendo se imponía sobre las demás cosas. Eso, y que desde hacía una semana, habíamos visto el sol apenas unas horas y las temperaturas habían sido duras de llevar, rondando en la noche los dos o tres grados y no muchos más durante  el día.

 

El pueblo no miente con su eslogan. Tafí deja huella y nos dejó nomás. Entre personas que conocimos y momentos que pasamos, es imposible que nos olvidemos de ese pueblo entre las montañas, en el Norte de Tucumán.

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