Los días en Mancora

5 Aug 2016

Son las 7.50, el sol pega fuerte sobre la kombi por lo que quedarme para seguir durmiendo en ella, no es una alternativa. Así comienzan, bastante temprano, mis días en Mancora, un balneario al Norte de Perú. Llegamos hace una semana sin saber cuánto tiempo íbamos a quedarnos. El lugar no sólo tiene una espectacular playa sobre el Pacífico, también una vida de pueblo que con su hospitalidad nos invitó a quedarnos.

 

Como si fuera poco, en el camping donde paramos está lleno de viajeros con los que seguir compartiendo historias. Mayormente son argentinos y colombianos, pero también hay vascos, chilenos y algún europeo. Con ellos pasamos las horas, aprendiendo de sus costumbres. Hace dos días ganamos un campeonato de voleibol que había en el camping, por lo que obtuvimos la noche gratis. Anoche nos juntamos todos los campistas, para festejar el cumpleaños de una viajera argentina, que apenas conocíamos. Otra de estas noches, fuimos a pescar a la playa con otros viajeros.

 

Ninguno es rico, en cuanto a lo material se refiere, y sin embargo disfrutamos el momento, acercándonos a la esencia, de no necesitar más. Aprendimos a vivir con poco. Por el espacio físico, la kombi no nos permite llevar más que lo necesario y es bueno que nos haya obligado a eso. El viaje nos demostró que alcanza con lo elemental.

 

Es evidente sin embargo, que hay gente que no lo entiende. En Lima, paramos y dormimos en la kombi en Miraflores, el barrio más de poder adquisitivo más alto. En ese lugar nuestra presencia molestaba, contrastábamos con un barrio tan distinto. Al otro día, recorríamos otros rincones de la capital de Perú, en los que pasamos a ser los "gringos" que viajan, según su imaginación, llenos de dinero por América. Éramos sin embargo los mismos en uno u otro lugar, simplemente etiquetados por distintos prejuicios.

 

No estamos de vacaciones, estamos viajando y por lo tanto tenemos que ir consiguiendo los recursos para sustentarnos y seguir en la ruta. Estando en Mancora comenzamos a vender pan relleno en la playa. Así que las mañanas son para unos mates en el camping y disfrutar de la playa, mientras que por la tarde, elaboramos el pan y salimos a recorrer el balneario. Mientras ofrecemos los panes, conversamos con la gente, nos tomamos el tiempo sin que eso nos sea una molestia, sino la posibilidad de conocer algo de ellos.

 

 

No sabemos cuando vamos a irnos de acá, quizá continuemos camino mañana o dentro de unos días. No tenemos apuro. Queremos conocer cada lugar y su gente.

 

El momento me trae a la mente un fragmento del poema de Galeano, Utopía: Se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir no más.

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