Rocha - Uruguay

3 Jan 2016

Ninguno de nosotros es de Rocha y sin embargo, ese departamento del este del país, con casi 200 km de playa que compiten por dejarnos sin aliento, es el lugar donde nos sentimos más cómodos. Donde el contacto con la naturaleza y la libertad nos permiten estar más cerca de la felicidad.

Rocha, tiene playas, pueblitos de pescadores, montes nativos, dunas y gente con una pachorra insospechada.

La Paloma es su principal balneario, no por la preferencia de turistas en la actualidad, pero si lo fue décadas atrás, y lo refleja su construcción edilicia. Podría decirse que es el único balneario costero con un edificio de por lo menos 3 pisos. En el resto predomina la chatura. Ahí viven unos 5 mil habitantes que casi son ciudad para las dimensiones de nuestro país.

Unos 100 km más hacia la frontera con Brasil –siempre siguiendo la costa atlántica- está Punta del diablo. Un pueblito de pescadores que durante el año aloja a unas 300 personas y que en los veranos, recibe a 10 mil.

Para nosotros es sinónimo de largas noches en boliches, y complicadas mañanas. Eran otros años, varios menos que ahora. La mayoría que frecuenta el lugar son jóvenes alrededor de 20 años, llenos de energía. Lejos de los veranos atestados, el pueblo recupera su mística y vuelve a ser encantador en los inviernos.

 

Una formación rocosa de más de 500 millones de años, da nacimiento a La Pedrera. Otro pueblo de la costa  rochense, que al igual que casi todos lo acarician dos playas. Un pueblo que también fue invadido por jóvenes, que comenzaron a ser atraídos a él, por el famoso carnaval que se celebra todos los febreros, en los que el alcohol y el descontrol son protagonistas en los enmascarados.

La Pedrera es amiga del turista, con instalaciones cómodas y arriesgadas arquitecturas, sin faltar por supuesto el clásico camping. Tiene actividades que invitan a visitarla, más allá de su atractivo natural en sí. Además de los festejos descontrolados de carnaval, ya mencionados, ahí se celebra en semana santa (o semana de turismo), El Jazz entre amigos, un festival de este género, reconocido internacionalmente. Lugar preferido por los surfistas en las costas uruguayas, se llevan a cabo ahí las competencias de ese deporte.

Como si fuera poco, desde enero del 2004 también presenta el festival internacional de cortometrajes. Una y otra invitación a volver, como si con el paisaje no fuera poco.

Valizas, otro de los balnearios de Rocha, se caracteriza por sus arenas doradas y ser el que lucha contra el sistema.

Denominado por algunos como un refugio atractivo para los bohemios. En pocas palabras, una cercanía a lo hippie. Con momentos para disfrutar de la naturaleza, gracias a la reacción local que impide los ruidos molestos desde determinada hora de la noche.  Un arroyo la costea, y una extensión de dunas aparecen en el horizonte, haciéndola diferente al resto.

 

Si alguien nos pregunta que tiene para ver en Uruguay, lo mandamos a Cabo Polonio, sin dudarlo. Un pueblito pesquero, a poco más de 250 kilómetros al este de la capital, vecino de Valizas.

El cabo, así se le denomina, es distinto. Al cabo no se llega en auto. Ni en ómnibus. El Cabo no acepta esa contaminación constante y la geología no permite la destrucción de su ecosistema. Para evitar los ruidos molestos y lograr una desconexión mayor, a Cabo Polonio los visitantes ingresan en camiones que atraviesan los 8 km de dunas que separan al balneario de la carretera. Camiones preparados para ganarle a la arena y generar en los 40 viajeros que lo pueden ocupar, una adrenalina inesperada.

Además de ingresar en camiones también se puede llegar por otro medio, los pies. Atravesando el río Valizas, y luego de caminar 9 km de inmensas dunas que exigen ser fotografiadas, el Cabo recibe al visitante por la playa.

La geografía deja ver una pequeña ondulación en el terreno que acompaña al faro, que se roba la atención por sobre las precarias casitas que lo pueblan. Más allá de por dónde y cómo se ingrese, sea en la “comodidad” de los camiones, o con el sudor de la caminata, el Cabo se muestra como único, ya desde la distancia.

 

El Cabo no tiene luz eléctrica, excepto en el faro. El Cabo tiene noches indescriptibles, que solamente pueden ser apreciadas en su magnitud estando ahí, para que los elogios no queden chicos. La falta de energía eléctrica en las casas, se suple con generadores, paneles solares, o molinos de viento. El pueblo tampoco tiene agua potable. Aljibes y pozos hacen mucho más que decorar el paisaje, son utilizados a diario.

La ostentación, no es una característica de las casas del pueblito. De madera, costaneras o barro, se construyen para sobrellevar inviernos fríos y ventosos. Los más privilegiados, disfrutan de paredes de ladrillos.

 

Los artesanos pueblan las calles de arena y pasto con sus mantas, durante el verano, aprovechando la llegada de cientos de turistas diarios. Son unos pocos sin embargo, los que desafían el invierno. Apenas unos 50 pobladores, tienen el orgullo de decir que viven ahí. De la pesca, de la renta, o de lo que permita seguir estando en ese paraíso del Uruguay.

 

Cabo Polonio, fue declarado Área protegida y Parque Nacional en el 2009. Cuenta con la reserva más grande de lobos marinos del mundo que duermen sobra las rocas, al pie del faro.

 

Ese faro, construido en el año 1881, el más al este del país, es declarado monumento histórico nacional. Con sus 26 metros, se eleva sobre el terreno para mostrar el camino a los navegantes, y hacer de guía en la noche hasta para los caminantes. Ese faro, fuente de inspiración para el cantautor uruguayo Jorge Drexler, que le escribiera la canción 12 segundos de oscuridad, para homenajearlo.

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