Que no se pierda.

19 Dec 2017

Manden Yerba comenzó como el proyecto de tres amigos que queríamos ir desde Uruguay a Alaska en una kombi, a la que llamamos La Mulita Viajera. Recorrimos Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Chile, pero no llegamos a nuestro objetivo inicial. El camino, que al final siempre es la recompenza, nos fue devolviendo a Uruguay. Primero regresó Fernando, luego Diego, hasta que en febrero de este año, después de once meses de viaje llegué yo, Adrián. De esa forma terminaba una vuelta en kombi entre amigos por América del Sur.

 

Una linda vuelta, en la que nos sumergimos en la magia del Norte argentino, y sus cientos de jóvenes viajeros encantados con el mismo hechizo que nosotros. En Bolivia las montañas no fueron impedimento para alcanzar dos de las ciudades más altas del mundo, Potosí y La Paz, contrastando con el vasto salar de Uyuni y su horizonte blanco.

 

Cruzamos la kombi en balsa el Lago Titicaca para llegar a Copacabana, que nos regaló un hermano, Jose, quién se sumó a viajar con nosotros. Con él atravesamos la inmensa cordillera de Los Andes, y un día vivimos el interminable caos de Lima. Costeamos el Pacífico con acantilados de arena y puestas de un sol que se derretía en cada atardecer.

 

Con amigos argentinos pusimos un bar, Che bó, en Montañita, Ecuador, sin siquiera haberlo planeado de ante mano. Llegamos a la hermosa Colombia, de la que por más que les cuente, y les cuente, mi versión nunca será tan fantástica como la realidad. El desierto de Chile hizo lucir cada uno de sus kilómetros, con horas de silencio y sonidos del motor y cielos y tierras de colores y pueblos de pescadores y montañas hermosas como en las postales y montañas perforadas por el saqueo colonial y más montañas y así sucesivamente.


La lista es de lugares, aunque lo que nos llevamos de cada uno de ellos fue su gente. Claro que eso es más complejo de detallar. Son cientos, miles. Cada uno con una historia sobre si, al tiempo que pasábamos a integrar cada uno la historia del otro. El camino nos llenó de amigos y de historias, que existen solamente porque alguna vez decidimos ir en búsqueda de eso, que no sabíamos bien que era. 

 

Vuelvo a salir. Esta vez viajaré con otro amigo, Horacio, quién acercó su admiración por la bicicleta, y lo combinamos con las ganas de conocer más allá.
Entre mate y mate, estaba en la misma situación que un par de años atrás. Soñando con conocer, con estar abierto a la incertidumbre de dónde dormiré esta noche, dónde despertaré mañana y esas cuestiones que lejos de asustarme, me motivan.

Adoptamos como ejercicio el preguntarnos ¿por qué no...? y todo se fue decantando. ¿Por qué no irnos a mochilear por Europa? ¿Por qué no hacerlo en bicicleta? ¿Y por qué no? Así que allá vamos. Con la adrenalina de volver a sentir que estamos expuestos. De que nos alejamos de la zona de confort, para recorrer el viejo continente de una manera poco habitual. 

 

La bicicleta, es mucho más que el medio, es promover un estilo de vida coherente con el bienestar, además de su convivencia sin agresiones con el medio ambiente.
En definitiva, tenemos muchas cosas por hacer y pocas ganas de quedarnos quietos.
Nos vamos a pedalear el viejo continente.
 #ComunaBici

 

 

 

 

 

 

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